jueves, diciembre 29, 2005

MI VANGUARDIA
















Bruno Marcos

Lo de Segovia fue ya demasiado. Nos citaron a todos en la estación de autobuses. Al entrar veo a una chica vestida con colores chillones, oronda y ajustada, con los ojos pintados de morado y la pintura corrida de sendos manotazos intencionados, estilo la Divine de Waters con caniche y todo, aquella de las películas underground que se comía la caca de su perro y que sirvieron de inspiración a Almodóvar. Un poco más allá uno con un abrigo de borreguillo blanco, largo hasta los pies.
Hago acto de presencia y una pareja de heavys flacos, de negro, con larga y ondulada melena negra, chico y chica -acaso novios- me preguntan si yo soy yo. Les respondo que sí. Quieren saber si me valen esos que andan por ahí como actores. Obviamente -según pintaba la cosa- digo que sí. Me acercan a uno con la cabeza afeitada para que le explique lo que tiene que hacer. Le informo de que tienen que andar por la calle como gente normal y, de pronto, hacer algún gesto insignificante como levantar un brazo o dar un pequeño salto, cosas que en la calle no se pueden hacer sin una justificación y que te hacen pasar de golpe al lado de lo no normal, de la locura... Me mira, encoge el lado izquierdo de la cara y se aleja cojeando sinuosamente. A los cinco metros se da la vuelta y me pregunta si vale así. Naturalmente le contesto que sí. Acto seguido empieza todo. Salimos a la calle y un señor de barba larga se coloca en el paso de peatones y lo cruza de 25 formas posibles: a la pata coja, pisando las rayas, sin pisarlas, como superman, haciendo muecas, etc.
Luego llega lo mío. Los heavys incitan a unos cuantos a actuar, me recriminan que no actúe en mi propio performance. Sale la Divine por el paseo más céntrico de Segovia con el caniche y abriendo los brazos como si, en un momento dado, sobre el viento que le azota la cara, fuera a volar. Tres o cuatro hacen lo acordado sin mucho lucimiento. Nadie entiende mi idea y, de pronto, salva el bochorno un espontáneo que sale dando volteretas circenses como un acróbata alternando manos y pies.
Frente a un edificio emblemático los heavys y algunos amigos suyos se meten los pies en bolsas negras de basura y caminan ajetreadamente pegados a la fachada. Vamos al acueducto. Las primeras discusiones han aflorado. Gritos anónimos entre la comitiva de artistas vanguardistas se cagan en todo. El mismo viejito del paso de peatones se calza dos guantes de cirujano, apoya la cabeza sobre el acueducto y se concentra durante unos minutos. Luego se da la vuelta y, enfadado, rasga los guantes, los tira al suelo y los pisotea al tiempo que se lamenta de no haber conseguido tirar el monumento con su fuerza mental. En eso llega otro que trae, a duras penas, un bloque de piedra y lo deja junto a los del acueducto, se sube en él y coloca una figurita de un soldado romano de belén en una grieta. Por entonces la lluvia arrecia con una crudeza inexplicable. Nos retiramos hacia la plaza mayor. Unos cuantos aparecen por el kiosko musical envueltos en sábanas y con caretas blancas. Una señora se acerca a ellos y empieza a insultarlos, les acusa de cobardes por no querer dar la cara -aún no sé si formaba parte del hecho-. Todo se disuelve -para la primera jornada- en una discoteca aledaña de los años ochenta con la ducha excremental de dos chicas en un balde de plástico y un derramamiento ingente de canicas por el suelo. En el hotel que me han reservado sale una voz de un portero automático que me asigna una habitación que se abre sola. Pienso en que allí se hospedarán mis compañeros artistas y me aseguro de que la puerta esté bien cerrada.
Al día siguiente, por la mañana, Moncho Alpuente debate, en la discoteca aún sin limpiar, con algunos de ellos. Uno de los heavys se acerca a mí y me pregunta: "Bruno, ¿de verdad eres profesor?" Sabe dios lo que hablamos porque la conversación termina con el siguiente piropo: "Bruno, es que no todos los profesores son como tú..."
Las actuaciones se dan por la tarde en un edificio histórico con fines museísticos. Toda la comitiva de artistas vanguardistas sentada y algunos desfilan delante. Intento llegar más tarde. Alguien que sale me comenta: "...es que eso es muy fácil, ponerse en pelotas y dejarse rociar de sangre..." Me voy poniendo en lo peor. Miro al pasillo y los heavys ensayan lo suyo con un cinexin infantil contra una pared. Entro en la sala y un chico con el pelo revuelto, desnudo de cintura para arriba, sostiene un gancho de carnicero. Tiene los ojos pintados y por pantalón lleva puesto un pijama viejo que se le va bajando paulaitinamente. Cuenta algo de una tía que pintaba cuadros de salón y saca dos o tres, empieza a destrozarlos con el gancho y se respira tal violencia que, luego, cuando pide dinero por los trozos entre el público, todo el mundo paga. Después me toca a mí, y lo mío consiste en unas proyecciones de frases -nada del otro mundo- y van y -creo que por la tensión- al ver algo normalito me dan una ovación. Viene mi hermano a rescatarme y nos adentramos por la ciudad antigua, en eso me para una chica y me felicita. Mi hermano, aunque escandalizado, me envidia el éxito.
A la mañana siguiente, al despedirme, los heavys se desahogan conmigo: "Esta gente... si en su tierra son majos, ¿por qué se han portado aquí así? Han boicoteado todo menos lo suyo y, ayer, se pegaron Cucu Pérez y Javi. Mira es que Javi es muy sensible y Cucu va insultando a las viejas y a los curas por la calle, y, anoche, insultó a un viejito y el viejito se puso muy mal, muy nervioso, y entonces Javi, que es muy sensible, cogió un extintor y le dio a Cucu con él en la cabeza..."

5 Comments:

Anonymous Anónimo said...

No se cuanto hay que tener de esquizofrenia bien llevada para deambular por el mundo artístico de lo transgresor y luego volver a lo cotidiano. Alguna vez al leer estas notas pienso cuando conoces realmente del todo a los que crees conocer. Como esas noticias, en las que los vecinos de un pirado comentan en los programas del morbo-espectáculo que parecia muy normal, que nunca hubieran sospechado que tenía un rifle en el armario, y que un día se asomaría a la ventana para usarlo de modo indiscriminado.

diciembre 30, 2005 12:12 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Y dicen que el peligro es la inmigración....

diciembre 31, 2005 1:11 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Me he parado en la tertulia del pombo, en la foto, la he ampliado y veo las siguientes curiosas cosas: el suelo del café está, como en el resto de cafés y de clientes de españa, lleno de papeles y asqueroso; las botellas y vasos están todos vacíos- hay una negra de la que se puede dudar-; sobre una especie de palomilla en alto hay un objeto inidentificable... ¿vulgaridad, avidez y pobreza también en este grupo selecto?

enero 03, 2006 12:51 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

viva el freak show!

enero 12, 2006 11:32 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

si estuviera G. de la Serna os hubiera hecho su mejor greguería

enero 12, 2006 11:33 a. m.  

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